martes, 13 de marzo de 2012

Exceso de tiempo libre


Tengo demasiado tiempo libre. Cerca del 20 de noviembre pasado promocioné las dos materias que estaba cursando en la facultad y desde entonces estuve “de vacaciones”. Dos meses sin ningún tipo de obligación pueden ser un verdadero placer, pero si se pasa ese límite es fácil que uno se termine aburriendo o achanchando. El exceso de tiempo libre puede llegar a ser dañino a veces.
Tengo amigos a quienes llamar, pero algunos ya están recibidos y trabajan en proyectos de investigación y cosas por el estilo, otros por ahí todavía no terminan la carrera pero tienen la posibilidad de hacer cursos de verano e incluso dan clases particulares. Tengo la misma sensación que tuvo Homero en ése capítulo de Los Simpsons en el cual Marge empieza a salir con una vecina, Ruth, y él tiene más tiempo al pedo que quiere usar para divertirse con sus amigos, pero desgraciadamente todos están ocupados. Odio esa sensación, la de ser el único que no tiene nada que hacer.
Algo que cualquiera me podría decir y que es verdad, es que a ellos no les cayó de arriba su situación, yo tuve las mismas posibilidades que ellos, pero avanzaba más lenta y cómodamente, dejándome llevar por aquél viejo y clásico argumento de que en la facultad “cada uno tiene sus diferentes tiempos” (lo cual no es falso, pero tampoco debe servir como excusa cuando uno tiene la posibilidad de avanzar más rápido). Para éste próximo cuatrimestre me propuse cambiar mis hábitos y ver si puedo cursar más materias y avanzar con más rapidez. Al mismo tiempo ésta misma ansiedad por tener la oportunidad de una revancha contra mí mismo hace que tenga más ganas de que se terminen estas largas vacaciones.
Una opción para ocuparme pudo haber sido laburar. Tuve un trabajo durante la primera mitad del año pasado y cobraba bien, considerando que eran sólo seis horas, pero resultaba frustrante no poder dedicarle el tiempo necesario a la facultad, además de eso era molesto ver cómo iba avanzando tan lentamente en lo académico mientras que, a largo plazo, el trabajo no me aportaba mucho más que el sueldo. Era un laburo relativamente monótono, lo cual no era sinónimo de fácil, no había que pensar mucho pero si hacía falta cierta agilidad y rapidez, era necesaria una suerte de destreza que sólo se aplicaba a ése lugar concreto.
Zonajobs por otro lado está pensado principalmente para secretarias y gente que estudia carreras como ingeniería en sistemas o administración de empresas. Lo que uno puede encontrar estudiando una carrera humanística es muy poco, salvo que te mueras por laburar en un call center.
Me recomendaron, en ésta época de vacaciones largas y aburrimiento, que intentara mantenerme ocupado haciendo ciertas cosas pequeñas pero útiles, como acompañar a mi novia a retirar la tarjeta SUBE, bajarle una película a mi hermana, o incluso ir a canjear algunos comics que mucho no me gustaron (como Episode G) por otros más nuevos y copados (como Death Note). Otra cosa que estuve haciendo ésta última semana fue ordenar mi cuarto, una actividad que, aunque no lo parezca, no es para nada superficial.
Ordenar el cuarto puede llegar a ser lo mismo que viajar en el tiempo.  Uno encuentra cosas viejas e interesantes casi sin proponérselo. Me llama la atención como ahora hay “nuevas antigüedades”, como ser, por ejemplo, los CD’s con Back ups de hace cinco años o más. También hay cosas que en algún momento fueron casi sagradas y hoy tengo ganas de sacarme de encima porque ocupan espacio. Tengo un montón de anime en VHS que no sé si vender en mercado libre o tirar directamente, y en cierta medida es una pena, porque varios videos están buenos, pero ya ni tengo en dónde reproducirlos. Muchas veces compramos productos aparentemente interesantes que al poco tiempo se vuelven basura, hoy creo que antes de comprar cualquier cosa debería pensar más seguido sí estoy comprando algo útil o algo que en poco tiempo va a ocupar espacio solamente. ¿A alguno le interesaría tener un CD de Ashlee Simpson?
Ésta bueno ocuparse, especialmente haciendo aquellas cositas que uno descuida cuando está ocupado enserio. Lo que sí noto, es que cuando no estoy haciendo nada o no tengo nada para hacer me pongo un poquito irritable. ¡Ah! Eso sí, la que se merece un monumento es mi novia, que me tuvo una paciencia enorme estos días.

Por suerte la facu empieza el próximo lunes…

martes, 6 de marzo de 2012

El Peronismo, Parte 1


Mi primer acercamiento al peronismo fue en el año 2002 cuando, con motivo del aniversario de la muerte de Eva, pasaban en la tele fragmentos del documental de Leonardo Favio: Perón, Sinfonía del Sentimiento.
Era emocionante. Al menos en ésa época era casi imposible encontrar figuras de la política que tuvieran semejante carisma. Los actos que aparecían en la película eran algo soberbio, multitudes aclamando a la primera dama y a su marido, parecían mezclarse la euforia de un recital con el amor sagrado de lo religioso, cosas que al menos no se percibían mucho en la época que yo estaba viviendo.
Luego de ver esa película me sentía peronista, pero, ¿De qué otra forma podía sentirme? Al menos con la información a mano, ser peronista era lo más lógico, estar en contra sólo podía ser sinónimo de avaricia y mezquindad. ¿Cómo se podía estar en contra de una mujer que ayudaba a los más necesitados?
Por aquellos años yo recién empezaba el secundario e iba a un colegio más bien “concheto”, todavía no nos enseñaban historia argentina, más que nada estudiábamos a los pueblos de la Mesopotamia, griegos, romanos y alguna que otra civilización previa al surgimiento del cristianismo. Sin embargo, lo que comúnmente decían (mucho más mis compañeros que mis profesores) era que Evita era una resentida y que Perón había hecho que “los negros odiaran a los patrones”.
Había algo que me llamaba la atención, Perón era para mí el primer personaje histórico cuyo prestigio era ampliamente discutido, no todos coincidían en si el balance de sus obras había sido bueno o malo. En general son muy pocos los que hablan mal de San Martín o de Belgrano, está consensuado que son próceres y Héroes de la Patria, pero con Perón no es así, y no hace falta saber mucho de historia para quererlo u odiarlo.
Me resultaba muy llamativo el hecho de que hubiera opiniones tan contrarias sobre éste personaje, cuando ante otros solía haber un consenso mucho mayor acerca de su prestigio.
Mis padres, cuando les preguntaba, me decían que si bien el peronismo había sido generador de grandes logros que favorecieron a la clase trabajadora, también había tenido ciertos vicios que los “contreras” no le perdonaban, como ser el excesivo personalismo (hubo provincias que llevaban los nombres de “Presidente Perón” y “Eva Perón”), y algunas conductas autoritarias (como alejar a Borges de la dirección de la Biblioteca Nacional sólo por no comulgar ideológicamente con el partido). Lo curioso era que la mayoría de los chicos de mi edad que criticaban al peronismo desconocían estos puntos negativos y en general repetían básicamente lo mismo, que Perón había sido un ladrón y un dictador, y que había destruido la cultura del trabajo (entendiendo por “cultura del trabajo”, la negación al derecho de los obreros a quejarse por las malas condiciones laborales).
A mis compañeros en general no les interesaba mucho la política, pero yo tenía un amigo con el cual hablábamos bastante seguido de esos temas. Sabía mucho, al menos considerando lo que podía saber un chico de catorce años. No teníamos exactamente las mismas ideas, el decía con cierto orgullo que era oligarca (hoy es K), a mí me daba cosa entrar en conflicto y no le decía que me gustaba Perón, pero al menos hablábamos de diversos asuntos, muy simplificados, que tenían relación con la historia y la política.
Me da un poco de vergüenza admitirlo pero en segundo año del secundario yo me consideraba una suerte de peronista de derecha, es decir, me importaba mucho la justicia social, pero también me preocupaba la inseguridad y me sentía más cerca de la figura de Rucci que de la JP. Esto fue cambiando con el pasar de los años, sintiendo poco a poco más rechazo por la gente de derecha que iba conociendo y viendo mayor coherencia en el peronismo de izquierda. Hoy por hoy, sincerándome conmigo mismo y teniendo en cuenta más mis actos que mi discurso, no sabría decir si soy de izquierda o de derecha, lo que sí sé es que mi acercamiento a la izquierda tuvo más que ver con una cuestión sensitiva que ideológica o intelectual. Al conocer más gente me fui dando cuenta que las personas de izquierda tendían a ser más abiertas y humanas que las de derecha, que en general (no todas) eran más intolerantes, cerradas y discriminadoras.
En los últimos años del secundario mantuve una postura supuestamente izquierdista, pero no sé hasta qué punto esa postura era auténtica y no una forma de rechazo ante algunos de los alumnos de mi colegio que eran bastante más que conservadores y se referían a los trabajadores como “los negros”. Yo no se qué tan abierto, plural o incluyente sea o haya sido, pero la actitud de ésa gente realmente me generaba aversión.
Distinto era el caso de varios profesores de materias humanísticas, que al menos si no eran peronistas, tenían ciertas simpatías. Yo era muy tímido y participaba poco en clase pero me acuerdo que un 17 de Octubre cuando estaba en cuarto año un profesor estaba dando clase y a un compañero le gustaba molestarlo con preguntas históricas, a ése mismo compañero yo le había dicho, medio en enserio, medio en broma que si quería molestarlo le preguntara al profesor qué se conmemoraba el día de la fecha. El profe se hizo un poco el boludo y no dijo nada. Al otro día nos trajo algunas hojas del diario del día anterior. Había varias descripciones del ’45, entre ellas una de Leopoldo Marechal que hablaba de la Argentina invisible y cómo ése día, al poder verla exigiendo la aparición de aquél hombre junto al cual había logrado ganar sus derechos, él se había vuelto peronista. Un texto muy lindo, sin duda.
Terminar el secundario me calmó un poco. Muchos ya se imaginaban que en la Facultad de Ciencias Sociales iba a empezar a militar en algún partido político o algo así, pero la verdad es que ya estaba más tranquilo y además me sentía un poco mareado entre tantas ideas, algunas de las cuales aún no entiendo en qué difieren exactamente.


miércoles, 18 de enero de 2012

Geburtstag (Cumpleaños)


I

Cumplir años en enero puede llegar a ser traumático. Lo más común es que la gente esté de vacaciones y casi no haya a quién invitar más allá de la familia más directa. Lo triste es que yo ni siquiera tuve la posibilidad de frustrarme, mis viejos elegían por mí y, ya suponiendo que todos iban a estar de vacaciones, festejaban religiosamente mi cumpleaños en nuestra quinta. Cuando era muy chico no me molestaba tanto, pero cuando ya iba cumpliendo siete, ocho, nueve años, me empezaba a joder un poco, sobretodo porque mi mamá siempre me prometía que ése año iba a ser diferente, que mi cumpleaños lo íbamos a festejar en Buenos Aires e íbamos a ver a quién invitábamos, cosa que terminaba sin cumplirse. Desde que tengo memoria hasta que cumplí nueve, siempre festejé mi cumpleaños en mi quinta con mi familia, quizás también con algún tío y (si tenía mucha suerte) con algún amigo que se había venido a veranear con nosotros.
Para el cumpleaños número diez ya había ganado por cansancio y había logrado que mis viejos aceptaran que se celebrara en casa.  Sin duda el primer cumpleaños que se iba a festejar en Buenos Aires prometía mucho. Los invitados eran amigos de distintos lugares, algunos del colegio, otros de la escuela a la que había ido antes de cambiarme, vecinos y los clásicos “amigos de la vida” (los que conocés desde chiquito y no entran en ninguna de las categorías anteriormente mencionadas), en total siempre éramos cinco o seis incluyéndome. Definitivamente era bastante mejor que pasar el cumpleaños en la quinta, pero inconvenientes había de todas formas: había muy poca integración por parte de los invitados, los chicos no se conocían mucho entre sí, porque eran todos de lugares distintos y además cada uno quería hacer algo diferente. Mejorando y empeorando, éste último esquema se repitió hasta el cumpleaños número trece, que fue el último que festejé invitando a varios amigos. Uno de los motivos era que dos de los chicos que siempre venían (que eran hermanos) eran hijos de padres divorciados (y de esos padres divorciados que no se pueden ni ver), entonces arreglar para poder hacer alguna actividad era complicadito. Sin embargo el motivo más importante fue algo que pasó en ése cumpleaños, un rato después de comer la torta estos mismos chicos no podían contener sus ganas de ir a jugar al Counter Strike (de hecho, me preguntaban a qué hora se terminaba el cumpleaños, así se podían ir). Terminé pasando las últimas horas de mi cumple en una sala oscura con un olor muy fuerte a cigarrillo en compañía de pibes que, sí no eran chorros, los admiraban mucho (en la sala se escuchaban comentarios como “eh, vo’ so’ como la yuta, atacás por atrás”). Una verdadera desilusión. Desistí de invitar amigos a mi cumple porque la mayoría de las veces terminaba atendiéndolos demasiado o haciendo cosas que no tenía muchas ganas de hacer. Mejor solo que mal acompañado, como dice el refrán.
A partir de los catorce empezó la etapa de las cenas familiares. A la tarde si había algún amigo en Baires me encontraba con él, y después a la noche salía a comer afuera con mi familia, salvo en el cumpleaños número veinte que hicimos una picadita en casa.
Mi cumple número veintiuno fue bastante particular: estaba en Alemania haciendo un curso. Los invitados eran todos estudiantes extranjeros que había conocido hacía menos de una semana. Fue un cumpleaños realmente lindo, recibí cartitas y chocolates, e incluso me cantaron el feliz cumpleaños en idiomas como portugués, italiano o checo. Fue una grata experiencia pero al mismo tiempo tenía un nosequé ilusorio, era un poco ficticio como el aire acondicionado que en tu casa es el paraíso y cuando salís te das cuenta que la realidad es otra. Además lo que resultó chocante fue el gran contraste entre mi cumpleaños y el día siguiente. Un día era el centro de atención y al día siguiente estaba celoso de un muñeco de nieve, al cual le daban más bola que a mí.
El cumpleaños número veintidós fue de la tradición previa al viaje a Europa, incorporando a mi novia y a un amigo. Fue una buena experiencia aunque no demasiado relevante. Me había acostumbrado a que para mi fecha la gente no anduviera por Baires.

II

Si bien a veces dejaron un poco que desear, mis cumpleaños tuvieron un progreso a lo largo del tiempo. Con navidad, por otro lado, fue el proceso inverso. Cuando era chico la navidad para mí era lo más lindo del año, de grande se fue convirtiendo en un mero compromiso. Al principio disfrutaba las reuniones en la casa de mi abuelo con mis primos, todos eran más grandes que yo, pero me reía y me divertía mucho. Curiosamente a partir de los nueve años, dejamos de celebrar navidad en la casa de mi abuelo, no sé exactamente el motivo, pero si me acuerdo que con el pasar de los años me fui enterando que no todo era tan lindo y que los parientes en general no se llevaban tan bien como yo creía. Hubiese preferido no enterarme, yo había sido feliz de todos modos.
Más o menos un par de años luego de haberse instituido las cenas familiares en mis cumples hubo una suerte de revival con la familia, no sé si las relaciones habían mejorado mucho, lo que sí, a fuerza de insistencia y buena voluntad había logrado convocar a un par de parientes específicos para las fiestas con los cuales al menos podía entretenerme un buen rato.
Sin embargo, por ciertos asuntos familiares las últimas fiestas no hubo una gran reunión en casa, apenas estaban mis viejos y yo, no obstante mi novia había tenido la genial idea, compartida por mi grupo de amigos, de salir en navidad luego del brindis. Nos encontramos en la calle y aprovechamos que justo había una fiesta en el estacionamiento de la Facultad de Sociales. La pasamos muy bien riéndonos de pelotudeces, comentando algunas cosas profundas, tomando fernet y cerveza y escuchando música variada y original. Fue lindo ver, en buena compañía, cómo se iba haciendo de día. Todos concordamos en organizar algo parecido para año nuevo.
Y así el año nuevo nos encontró reunidos en la casa del amigo Tino. No hubo nada para manducar, pero si hubo una variedad interesante de bebidas alcohólicas típicas de esa celebración. Casi ni salimos de la casa de mi amigo, pero más allá de eso el esquema era básicamente el mismo que en navidad: alcohol, buena gente y buena onda. Fue mejor incluso que la navidad, por un lado porque duró más tiempo (nos habíamos reunido más temprano) y por el otro porque había más de gente. Es curioso, muy curioso, que no pueda resumir lo que pasó en la celebración de año nuevo con mi novia y mis amigos, la pasé genial, me sentí entre los míos, y aun así, si quiero resumir el encuentro sólo puedo decir que pasamos un buen rato charlando y riéndonos. Hacía un tiempo importante que no pasaba un año nuevo tan bueno, y aparte los amigos son algo importante. Es difícil de explicar, pero la familia siempre está, te toca, y si es como debe ser, te brindan un amor incondicional que es invaluable pero que en general lo tenés de todas formas. A los amigos uno los va conociendo de a poco, se los elige y hay que ganarse su confianza. Creo que el grupo de amigos muchas veces refleja más lo que somos que la familia misma.
Disfruté tanto ese encuentro que tuve ganas de repetirlo, y para mí las “fiestas” siempre fueron tres: navidad, año nuevo y mi cumpleaños.

III

Con un poco de suerte a mi favor, más de la mitad de los presentes en año nuevo iban a seguir estando en Buenos Aires la semana siguiente, de manera que los invité a mi cumple. Armé un humilde flyer con el paint, y les mande virtualmente invitaciones a los chicos (a algunos ya los pensaba invitar para hacer algo, pero luego de año nuevo decidí convocar a un poco más de gente y hacer algo un toque más pretencioso). Teniendo a la gente confirmada decidí armar un pequeño souvenir, tarjetas plastificadas con caricaturas de los mismos invitados. Aparte de eso ideé una picada que incluía, entre otras cosas, paltita y empanadas regionales. Luego de eso y de comprar cada una de las cosas necesarias, quedó sentarse y esperar. 
No sé si vale la pena elaborar un resumen de lo que fue la fiesta, más que nada porque si no se conoce a personas como al chistoso Ale, al carismático Tinchi o al muy sociable Dario (entre muchos otros) resultaría un poco engorroso ponerse a describir situaciones y escenas que sólo nos causarían gracia a los que estuvimos presentes. Gracias a Dios no faltó ninguno y los regalos fueron geniales: un libro de un dibujante llamado Decur, con ilustraciones que mezclan lo realista y lo naíf, un libro de cuentos de Raymond Carver, cuya dedicatoria escrita por Tinchi me inspiró un poco a escribir lo que ahora están leyendo, un eau de cologne con un aroma que me recuerda a aquellas reuniones familiares numerosas a las que había que ir bien vestido y elegante, y por último los dos mejores regalos: Unas zapatillas de El Eternauta y el juego de mesa El Erudito que es sencillamente excelente.
Al igual que con año nuevo y navidad, no es fácil hacer un resumen o descripción extensa de éste último aniversario que resulte interesante. Basta decir que el resultado fue muy bueno, la pasé muy bien (si bien al principio me costaba seguir los temas de conversación porque cada diez o quince minutos tenía que bajar a abrirle a alguien o atender una llamada) y al menos a mí me dio la impresión de que hubo un muy buen feeling.
Capaz no se note, o yo no lo demuestre mucho, pero creo que soy adicto a la gente, obviamente no a cualquier gente, sino a personas con las que tenga cierta afinidad. Me gusta encontrarme con aquellos a los que aprecio, si bien a veces tengo que admitir que puedo tener poco tacto o mandarme alguna cagada.
 A costa de ensayo y error me salió un cumple muy copado, esperemos que se repita. ¡Muchas gracias por venir!




domingo, 1 de enero de 2012

Ich wünsche euch ein glückliches Neujahr! (¡Les deseo un Feliz Año Nuevo!)


Sé que hasta ahora hubo gente que estuvo comentando mis entradas por más escasas e infrecuentes que fueran. Desde éste humilde espacio quiero desearles un hermoso 2012 y espero que sus deseos se cumplan.
Tengo varios objetivos para éste año que comienza, básicamente son los mismos del año pasado: aprender cosas nuevas, profundizar mis conocimientos de inglés y alemán y disfrutar de la vida y de los momentos con los amigos, la familia y la pareja. Otros son repetidos pero espero ésta vez tomármelos un poco más enserio: tener un mejor rendimiento en la facultad y poder pasar a la segunda mitad de la carrera. Creo que no tengo metas muy originales ni completamente nuevas, aunque me parece que todo lo nuevo y original uno lo encuentra un poco de casualidad, sin buscarlo intencionalmente pero si estando abierto y predispuesto a las experiencias nuevas.
Para mí el año no pudo empezar mejor. De hecho, hacía bastante tiempo que no la pasaba tan bien en una celebración de año nuevo. Fue la primera vez que celebré el comienzo del año junto con mi novia y mis amigos, y sinceramente fue genial, me reí y me divertí mucho, me sentí entre los míos, y eso es invaluable.
Por ahí algunos no se lo imaginen, pero éste último año pasé bastante tiempo dedicándole energía mental a asuntos sin demasiada importancia que la verdad no me hacían precisamente bien, gastaba energía que podía haber empleado en algo mucho más positivo.
Es verdad que a veces en la vida hay situaciones y momentos desagradables, pero aún así, lo importante es no dejar de buscar lo bueno, lo deseable. A veces pasarla mal es inevitable, es verdad, pero muchas otras veces no, y lo fundamental es (cuando es razonable y posible) tratar de alejar aquello que nos molesta y perseguir lo que nos gusta, lo que nos place. Es un tema de concentración, es simplemente concentrarse en lo bueno, no solamente ver el lado positivo de las cosas (que algunas veces puede llegar ser un poco insignificante o absurdo), sino también buscar que lo bueno ocurra.

No sé si cambie mi manera de actuar, siempre me preocupó decir cosas que después termino contradiciendo con mis actos. Sin embargo, voy a tenerlo muy en cuenta y voy a intentar disfrutar lo más que pueda éste año que empieza.

¡Feliz 2012!

jueves, 22 de septiembre de 2011

Zusammenfassungen (Resúmenes)

En menos de dos semanas tengo que rendir parciales y me está costando mucho dedicarle  tiempo a aquellas cosas que me gustan y no forman parte de la facultad, como por ejemplo seguir con la lectura del Manual de Zonceras Argentinas, un libro de Arturo Jauretche.
Cuando tengo pocos días para estudiar, los motivos por los cuales no puedo distraerme son un poco obvios. Sin embargo, también me cuesta dedicarle un espacio a otras cosas cuando dispongo del debido tiempo. No es que estudie mucho, pero me gusta hacerlo pausado y muy tranquilo, y por más que a veces termine estudiando poco, distraerme por un rato haciendo otra cosa o leyendo algo ajeno a la facultad me genera algo de culpa.
Me gusta tener tiempo para sentirme relajado. Hay quienes hacen todo lo que pueden en un día, para así tener libre el día siguiente. A mi eso me parece una muy buena idea pero me cuesta muchísimo ponerla en práctica. Yo soy un administrador de mi pereza, hago hoy un poco para mañana hacer otro poco pero tranquilo.
Cuando tengo el tiempo suficiente me gusta estudiar haciendo resúmenes. Tienen su lado creativo, me gusta pensar que estoy armando la “guía perfecta” para aprobar la materia, más allá de que esto puede ser muy subjetivo, lo que le sirve a uno puede no servirle a otro, y además hay mucha gente a la cual estudiar de resúmenes ajenos le resulta molesto.
Mi forma de hacer resúmenes es especialmente útil para materias muy teóricas o conceptuales (como por ejemplo teoría sociológica o filosofía), y requieren de bastante tiempo disponible, son más fáciles de preparar si uno no trabaja.
El primer paso es lo más elemental: tratar de ir a todas las clases, ir siempre con el material leído y tomar buenos apuntes. La base del resumen son los apuntes, lo ideal es transcribirlos al Word, y que queden más lindos y prolijos, además de eso, las clases de materias teóricas tienden a ser reiterativas y no es de extrañar que en los apuntes se repitan más de una vez algunos conceptos y explicaciones, esto viene fenómeno para el estudio y el repaso.
Me acuerdo que durante los primeros años de la secundaria en una clase de religión, teníamos que aprender la composición social del pueblo de Israel en los tiempos previos a Jesús. Había un grupo-clase social, los escribas, que eran grandes conocedores de la ley. ¿Por qué eran grandes conocedores de la ley? ¡Porque se la pasaban todo el tiempo escribiéndola! El hecho mismo de transcribir los apuntes ya es una forma de repaso.
El siguiente paso consiste en releer el resumen en Word y tomar los conceptos importantes. Luego de eso se debe releer la respectiva bibliografía (lo ideal es ya haberla leído y subrayado previamente) y extraer los párrafos que consideremos esenciales, interesantes, relevantes, etc, para incorporarlos en el resumen. De esta manera el resumen no va a ser solamente una transcripción de lo que dijo el profe, sino que va a tener un fundamento mucho mayor.
Lo que quedará es una guía bastante completa que combina explicaciones amenas y (esperemos) claras del profesor con los fragmentos esenciales e importantes de la bibliografía. Una suerte de “-Inserte el nombre de la materia aquí- para Dummies. Lo bueno no es solamente la utilidad del compacto y completo resumen, sino también que el mismo proceso para hacerlo es una muy buena forma de repaso. Hace poco les comenté a unos amigos sobre éste método y uno me dijo que eso es mucho más útil desde lo memorístico pero quizás no sea tan bueno desde lo comprensivo. Es probable, a mí me cuesta un poco disociar la memoria de la comprensión, ya que siempre hay una cierta dosis de las dos cosas, uno recuerda nombres y entiende procesos. Yo personalmente creo que sería muy difícil recordar conceptos de una materia universitaria si no se las entiende al menos de manera muy general. Debo admitir que es una crítica que me dejó pensando. Sin embargo de lo que sí estoy seguro es que este método me sirvió mucho cuando lo usé debidamente.
Por último, si esta entrada les parece poco interesante o incluso un robo, puede que tengan algo de razón, sin embargo, como ya lo aclaré, me cuesta pensar en otra cosa cuando tengo exámenes.

lunes, 8 de agosto de 2011

Die Kohle. La Guita.

Introducción

La plata. Esos papeles de colores que sirven para adquirir una infinita variedad de productos y servicios. Suele ser un placer tenerla y, sin embargo, muchas veces está mal vista, e incluso puede ser un tema tabú en una conversación.
Muchos asocian al empresario exitoso con la imagen de una persona muy avara que en el fondo no es feliz y no quiere a nadie, ni siquiera a su familia.
En algunos ámbitos la plata esta mal vista, o por lo menos su posesión en exceso. Muchas veces se la asocia con la codicia, la superficialidad o el infortunio. Sin embargo no es muy fácil explicar con claridad el porqué de esta concepción.
Ante todo, yo pregunto: ¿Qué son exactamente esos papeles que muchas veces son motivo de conflicto y aún así una gran parte de nosotros, en mayor o menor medida, llevamos dentro de nuestros bolsillos?

Definición

La economía más tradicional considera al dinero como un medio de pago práctico para llevar a cabo el intercambio de bienes. Antes de existir este medio, los intercambios se hacían directamente sin ningún tipo de intermediarios, es decir, a través del trueque. El problema del trueque era que a la hora de hacer el cambio era muy difícil que mi producto siempre le interesara a la persona cuyo bien yo quería tener. Por ese motivo surgió el dinero como equivalente general, para que todos pudieran cambiar sus bienes por plata y luego intercambiar ésta por la mercancía deseada.
El dinero, entonces, era algo que facilitaba el comercio. Como medio de cambio ideal debía reunir una serie de requisitos para lograr una transacción práctica: debía ser duradero, transportable, homogéneo (para poder ser acumulable), limitado (para preservar cierto valor) y divisible. Todas estas características las reunía el papel, especialmente la facultad de ser divisible, ya que mediante la impresión de un número determinado, su valor podía ser infinitamente dividido.

El dinero y la religión judeocristiana

Los manuales de economía clásica más allá de definirlo conceptualmente y aclarar sus funciones, no tratan de manera muy profunda los vínculos entre el dinero y las personas. Si lo que queremos es conocer juicios de valor, la mejor fuente sería la Biblia, por un lado por su antigüedad y vigencia, y también porque muchas veces cumple el rol de ser un código de leyes morales. 
Las Sagradas Escrituras conciben al dinero como a un ídolo, es decir, un dios falso creado por los hombres. Esto se puede apreciar en el Salmo ciento quince del Antiguo Testamento, versículos tres al ocho:

Nuestro Dios está en el cielo y en la tierra,
él hace todo lo que quiere.
Los ídolos, en cambio son plata y oro,
obra de las manos de los hombres.

Tienen boca, pero no hablan,
tienen ojos, pero no ven,
tienen orejas, pero no oyen,
tienen nariz, pero no huelen.

Tienen manos, pero no palpan,
tienen pies pero no caminan;
ni un sólo sonido sale de su garganta.
Como ellos serán los que los fabrican,
los que ponen en ellos su confianza.

La Biblia rechaza de manera contundente el culto al dinero, siendo Dios el único y verdadero objeto de culto. No es posible adorar a dos dioses y esto queda manifiesto en el Evangelio según San Mateo, capítulo seis, versículo veinticuatro: “Nadie puede servir a dos señores, porque aborrecerá a uno y amará al otro, o bien, se interesará por el primero y menospreciará al segundo. No se puede servir a Dios y al dinero”.
En las Sagradas Escrituras el dinero muchas veces es representado como una tentación que aleja a las personas del “camino correcto”.

La puta universal

Muchos siglos después, en un mundo más avanzado tecnológicamente, un filosofo alemán, Karl Marx, diferencia al bien de la mercancía. Un bien es un objeto producido para ser usado, mientras que la mercancía fue producida principalmente para el intercambio (si bien también tiene un uso, sí no, no poseería ningún tipo de valor). Luego de establecer esta diferencia, Marx afirma que el dinero es casi la mercancía misma, ya que su función principal es justamente ser cambiado por otras mercancías. Por medio de estos procesos de intercambio el dinero fue adquiriendo una función perversa que es la de trastocar e invertir distintos valores. En los Manuscritos económico-filosóficos de 1844 el filosofo alemán expresa lo siguiente: “el dinero permanentemente intermedia las relaciones entre los hombres y convierte lo negro en blanco y lo blanco en negro”. Por este motivo Marx decía que el dinero era “la puta universal” ya que podía lograr que su poseedor adquiriera cosas que no conseguiría por sí mismo. A raíz de esto Marx establece que en el mundo capitalista el hombre es hombre sólo a través del dinero. Si yo quiero estudiar arte y tengo voluntad y un espíritu formado, pero no tengo dinero, no puedo estudiar. Por otro lado, si yo no tengo ningún interés ni formación para el arte, pero si tengo el dinero, puedo estudiar arte. En el mundo capitalista, para estudiar no se necesita voluntad o inquietudes, para viajar no hace falta un espíritu aventurero, para tener fuerza no hace falta ejercicio e incluso en algunos casos, para conquistar a una mujer no hace falta ser lindo, simpático o inteligente, el dinero puede ser intercambiado por todo eso, ya que puede invertir y trastocar valores.
La idea principal de Marx es que el dinero es perverso porque permite que el ser humano sea ser humano, no por sus propias virtudes, sino a través del poder económico, es decir un hombre ya no tiene lo que necesita o merece, sino lo que puede comprar.
Marx y la Iglesia, al menos teóricamente, coinciden en que el dinero, de alguna forma, pervierte la naturaleza de las cosas, ya sea proponiendo un culto que no es el real, o atribuyéndole al hombre virtudes que en verdad no le corresponderían.

La postura del peronismo

Una postura menos teórica y mucho más conciliadora es la de Juan Domingo Perón, uno de los referentes políticos más influyentes en la cultura argentina. Resulta complicado encontrar afirmaciones del General con respecto al dinero específicamente (lo cual no es de extrañar, ya que él mismo había aclarado en varias oportunidades que prefería a los hacedores antes que a los teorizantes), pero aún así es posible intuir su postura cuando toca temas como  el capital, el trabajo, la economía, o la propiedad privada.
Perón propone solucionar los conflictos entre patrones y obreros (o capital y trabajo), subordinando a ambos a la economía nacional. No concibe al capital y al trabajo por separado, ambos deben cooperar entre sí para el fortalecimiento de la nación. Perón beneficiaba a los menos privilegiados, pero no atacaba directamente a los ricos o a las clases más altas (aunque la relación no fuera la ideal), sino que las invitaba a producir y a colaborar para el enriquecimiento del país. En su libro Doctrina Peronista, Perón escribe que es necesario “defender y mantener el Capital como herramienta de trabajo de la nación”.
El Peronismo propone una humanización del capital, no se lo ataca pero si se rechaza la idea del lucro por el lucro mismo, ya que como bien decía el conductor del partido: “la salud y el estómago no admiten economías”.
La postura del General con respecto al dinero se puede ver más clara en la conceptualización de la propiedad privada que se agregó a la reforma de la constitución de 1949, realizada durante el primer gobierno peronista, la cual establecía que la propiedad privada tenía una función social, es decir, no se condenaba la posesión de riquezas siempre y cuando esas riquezas pudieran generar trabajo y mejorar las condiciones de vida de otras personas. No se cuestiona la existencia de clases altas y bajas, sino las enormes diferencias entre estas. No esta mal tener mucha plata si se la usa para generar trabajo y ayudar a otros.

Síntesis y conclusión

Cada postura responde a una época y a un lugar distinto, pero todas hacen aportes al concepto de dinero. En mi opinión personal yo creo que la plata no es ni más ni menos que un recurso, un medio para obtener otras cosas (productos y servicios). Los problemas empiezan cuando uno se olvida que el dinero tiene esa función y quiere tenerlo más por lo que simboliza que por su función concreta. Tan es así, que de hecho podemos hablar de al menos dos tipos de bienes costosos: por un lado tenemos productos que son caros pero que realmente son útiles y vale la pena comprar, como ser un aire acondicionado, una laptop o viajar, y por el otro lado tenemos productos que lo único que hacen es demostrar que el dueño tiene mucha plata, ejemplos de este tipo de mercancías pueden ser una Ferrari o un Rolex, bienes cuyas funciones pueden ser realizadas por objetos mucho mas baratos, más allá de que se trate de mercancías de mucha calidad.
No me parece correcto juzgar a una persona por sí tiene o no plata. La plata no hace a la persona, ni tampoco la deshace necesariamente. Lo que sí creo es que muchas veces el dinero saca a luz ciertas actitudes de la gente que sin él no podrían ser vistas. El ahorro, la inversión y la ostentación son actitudes muy diferentes entre sí, pero para que estas actitudes puedan ser vistas es necesaria la posesión de cierta cantidad de dinero. Alguien que no tiene mucha plata no puede ostentar, pero por ahí si la tuviera ostentaría. ¿Nunca conocieron a alguno que criticaba a la gente de plata y cuando tenía un peso hacía exactamente lo mismo que antes condenaba?
Sin embargo, la inversión y el ahorro son actitudes muy positivas que requieren la posesión de dinero. La inversión en los negocios puede generar trabajo, y Perón decía que el ahorro era el primer grado de previsión social. El General se refería al ahorro como a “esa virtud extraordinaria de los hombres previsores que si representa un pequeño esfuerzo en las épocas de bonanza, ve compensados los sacrificios en las épocas difíciles”.
El dinero, visto como un recurso y bien invertido, puede incluso generar más dinero, y no estoy hablando precisamente de ponerlo en el banco y vivir de intereses, sino de invertir en la formación y la educación. Si uno invierte el dinero en un determinado estudio, sea cual fuere, mientras sea realizado con empeño y ganas, el dinero puede volver luego de un tiempo e incluso en cantidades mayores, esa es, al menos desde mi punto de vista, otra forma de previsión social.
Me parece muy bien que el hombre quiera ganar más, para mejorar su nivel de vida, aún cuando éste ya es bueno. Es algo positivo que todo trabajador sienta al menos que si trabaja más o realiza ciertas buenas estrategias puede darse gustos extras o estar en una mejor posición. No obstante, no debemos nunca dejar de tener en cuenta que la plata es un recurso y que tiene que haber un piso y un techo. Hay un mínimo de bienes que uno tiene que tener por el simple hecho de estar vivo, y al mismo tiempo no me parece ético superar cierto límite de riquezas que va más allá de lo necesario y disfrutable cuando a otros les faltan recursos, si el dinero es un recurso no debe malgastarse ni estar mal distribuido. Debe haber un tope para la acumulación de riqueza y al mismo tiempo la herencia debería tener ciertas restricciones, ya que es también generadora de desigualdad. Ya lo decía Émile Durkheim, un sociólogo francés, en su libro La División del Trabajo Social: “Mientras haya ricos y pobres de nacimiento no podrá haber contrato justo, ni una distribución de las condiciones sociales”. La riqueza no necesariamente es fruto del trabajo propio, y hay que hacer lo posible para que todos podamos partir de la misma base, cosa que no sucede en la actualidad.
La plata es un recurso y todos tenemos derecho a disfrutarla, pero dentro de ciertas restricciones humanamente lógicas, y trabajando para que todos tengamos acceso a este medio. No se debe rendir culto al dinero por el dinero mismo ni como símbolo de poder, sino que se debe hacer uso de él como un medio para adquirir bienes que necesitamos o que simplemente nos hacen la vida más cómoda y placentera.

lunes, 13 de junio de 2011

Winter

La primavera me hace acordar que las clases se están por terminar, el verano está bueno para irse de vacaciones, y empecé mi noviazgo con un otoño. Sin embargo, si dejamos de lado este tipo de asociaciones, mi época preferida del año es el invierno.
Me gusta mucho el frío, me resulta cómodo. Si tenés frío te podes poner un buzo, una campera y está todo solucionado. En cambio uno puede tener calor aunque camine desnudo por la calle. Prefiero muchísimo más el frío al calor, al punto tal que hubo veces en las cuales estando abrigado en un subte lleno de gente y faltando varias estaciones para llegar a mi casa, preferí bajarme y volver caminando, por más que afuera estuviera lloviendo. La transpiración es algo que me molesta mucho.
No sé por qué, pero un invierno muy paradigmático para mí fue el del 2003, yo estaba en segundo año del secundario y era bastante ingenuo (quizás ahora todavía lo sea un poco). En ésa época estaba muy enamorado de una chica con la que rara vez había cruzado una palabra y con suerte veía unas pocas veces al año. Pensaba mucho en ella todos los días, si bien ella apenas sabía que existía. La había idealizado a tal punto que sólo pensar en ella me ponía de buen humor, de hecho cuando me pasaba algo malo trataba de sobreponerme mirando para adelante, pensando que en otro momento, en otro lugar las cosas podrían estar mejor (y ella me podría dar bola). Se imaginarán mi decepción luego de conocerla mejor y darme cuenta que esa persona tenía muy poco que ver con esos atributos que yo le había otorgado idealizándola.
También me acuerdo de mi mejor amigo de esos días, al cual aún sigo viendo. Él tenía ganas de fundar una sociedad que se ocupara de revivir algunas viejas y buenas tradiciones que nunca supe bien cuáles eran, el punto era que para eso me había prestado el libro Crónicas del Angel Gris de Alejandro Dolina, un libro de cuentos realmente bueno que lo sentí muy cercano a mí, si no me acuerdo mal ese fue mi primer contacto con la literatura argentina. Yo, a cambio, le presté la historieta El Eternauta de Hector Germán Oesterheld y Francisco Solano López, una obra maestra que hoy tengo muchas ganas de releer pero no encuentro el tiempo adecuado.
Otro personaje relevante de ésa época era el profesor de Catequesis del colegio. Si bien hoy a muchos les puede sonar ridículo o cursi, el tipo era muy coherente en cuanto a su discurso, al punto que hoy lo podría considerar más un militante político que un catequista. Tenía algunas ideas que hoy por hoy no comparto, soy más agnóstico que otra cosa, pero al menos él presentaba argumentos dentro de todo sólidos, se podían aceptar o no, pero eran respetables. Era un profesor muy canchero, pero no de esos que son cancheros porque usan anteojos de sol y simulan ser cool, lo copado de él era su forma de responder y argumentar. Su coherencia lo diferenciaba de muchos otros profesores o hermanos del colegio que, en más de un caso, defendían una religión del “porque sí”, sin responder muchas buenas preguntas y dando malas explicaciones para sus propuestas (un ejemplo de este tipo argumentos, de los que varios otros hacían uso, era que a misa había que ir porque Dios nos daba ciento sesenta y ocho horas por semana, y nos pedía solamente una). De todas formas, si bien el profe tenía opiniones muy interesantes sobre temas cotidianos y bien concretos, la materia en sí fue la más difícil de ése año, aunque cueste creerlo, había que fundamentar y explicar frases como “la oración eleva el espíritu” (y había una respuesta teórica que se esperaba, no se trataba de una libre interpretación).
Una pasión que tenía por ésa época, que de hecho todavía la tengo pero con menor intensidad (y dedicándole menos tiempo), era el anime. Me emocionaba mucho viendo las intros u openings de Detective Conan y los Caballeros del Zodiaco (Saint Seiya, para los entendidos), también disfrutaba viendo los partidos fantásticos de Super Campeones que ese año habían vuelto a las pantallas. El manga también me gustaba y mínimo dos veces por mes iba a Camelot a comprar los tomos mensuales de I”s y Rurouni Kenshin. Tenía dos amigos del colegio con los cuales compartía éste hobby, me reía muchísimo con ellos, capaz hasta más de lo que ellos esperaban, ya que muchas veces me miraban raro cuando me mataba de la risa después de que ellos contaran algún chiste o anécdota graciosa. Eran muy graciosos pero dentro de su contexto, si les contaba sus anécdotas a otros, incluso compañeros del colegio, por ahí no les causaban mucha gracia. Hay gente con la que te podés reir mucho, pero por ahí su humor no sea extrapolable más allá del grupo de amigos del cual forman parte.
No eran tiempos de gloria ni tampoco los recuerdo con un entusiasmo demasiado grande, pero son parte de mi historia, y no sé por qué, cuando pienso que me gusta el invierno, me acuerdo del invierno de ése año en particular, de hecho muchas veces que pienso en eso me acuerdo de mí mismo muy a la mañana, antes de que amaneciera por completo, caminando abrigado las cuatro cuadras que tenía desde mi casa hasta el colegio.